Unidad, estrategia frente a las políticas antipopulares

Por: Colectivo Enraizando

colectivoenraizando@hotmail.com

La unidad de la izquierda parece, a quién conoce las diferentes tendencias y enfoques que se manejan, una utopía, pero de la materialización de ésta depende la avanzada y posicionamiento real de los clamores de la clase popular hacia una consolidación de un proyecto humano y no depredador, a diferencia del sistema actual.

En lo que va corrido del año se ha evidenciado el descaro del actual gobierno en la implementación de políticas que van en contravía de las necesidades de las mayorías, las clases populares; acá señalamos clases populares ya que en éste concepto se revive la diversidad de nuestro pueblo: indígenas, obreros, campesinos, desposeídos y clase media (también oprimida).

Hemos vivido los gritos, de 9.500 presos y presas políticos y políticas que sufren torturas: el paro de Arauca; la lucha de ASOQUIMBO; la huelga  del Cerrejón; los arroceros contra la Anglo Gold Ashanti y a favor de la vivienda;  la muy reciente movilización de los campesinos y campesinas del Catatumbo:  al ser elegida por Santos como una zona minero estratégica de explotación de carbón a cielo abierto, cobre y petróleo y la nueva lucha de los estudiantes organizados en la MANE por una ley de educación al servicio de las necesidades de un nuevo proyecto de país.

La anterior lista responde a las desconcertantes reformas, a saber: el reajuste al salario mínimo que legitima la pobreza, las políticas antisindicalistas, el aumento de regalías -desde la aprobación del TLC con Estados Unidos- que no brindan bienestar a los y las trabajadores y trabajadoras, la tercerización laboral en entidades públicas, la reforma estatutaria al sector salud, el fenómeno del “cartel verde oliva”[1] que se presume agudizar con la provocadora aprobación del fuero penal militar. Estas políticas no responden a nada distinto que la naturaleza del sistema capitalista que busca por medio de la explotación, de la naturaleza y la humanidad, hacer del mundo el paraíso de unos pocos, de los que poseen “el poder real [es decir, de quienes] constituyen una minoría de carácter económico” (Torres, 1991).

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Los que poseen el poder en nuestro país están tan seguros de su puesto y de su triunfo, con el respaldo de una de las potencias económicas más sanguinarias, engañadoras y explotadoras del mundo, como lo han demostrado históricamente –Estados Unidos-, que se atreven a seguir agudizando las condiciones de desigualdad que desembocarían en un levantamiento popular hasta la toma del poder, un levantamiento más grande que una bandera ideológica, más grande que comunistas o socialistas, un levantamiento de todos y todas los de abajo, los oprimidos y explotados. Pero ¿por qué están tan seguros de su triunfo? ¿Por qué los esporádicos brotes libertarios no han desencadenado en un fuerte movimiento de la clase popular? Porque nos hace falta unidad, unidad de objetivos concretos.

A veces el ánimo caudillista y absolutista de algunas corrientes ideológicas busca consolidar su posición como única opción y único camino, pero si hay algo que resulta evidente es que, si existen diferentes opciones que convergen en el fin se hace necesario optar por formas que respondan al momento histórico y que resignifiquen las opciones lejos del capitalismo.

Como bien señala Zizêk (Zizêk, 2003) el capitalismo mediáticamente se ha  encargado de hacernos creer que toda opción diferente es un caos y que pensar en el fin del sistema es equivalente a pensar en el fin del mundo; esto resulta risible ante las nuevas formas de organización que se han producido y que han funcionado a lo largo del mundo.

Cabe realizarnos una pregunta ¿no es más viable pensarse el caos y un fin del mundo desde el nocivo sistema capitalista? Resulta en el imaginario colectivo y principalmente de las culturas y etnias que manejan una filosofía ancestral, el asumir que la tierra está dispuesta de forma perfecta, armónica, y que, por supuesto la desviación de ríos y el feroz extractivismo generan una falta de armonía que tarde o temprano se va a manifestar de tal forma que puede resultar nociva.

Además, no hay algo más cercano al caos, que la violencia política y económica que sufrimos y los efectos que puede tener la reciente aprobación del fuero penal militar, que versa sobre quiénes deben juzgar los crímenes cometidos por uniformados, la reforma dice que no es la justicia ordinaria quien debe juzgar estos hechos, sino los mismos militares, dando vía libre a los crímenes de Estado, dejando en entredicho la aplicación de justicia para los mal llamados “falsos positivos” (ejecuciones extrajudiciales), también reglamenta el “blanco legítimo” que se refiere a personas civiles que participan en acciones hostiles contra la fuerza pública, de las cuales los uniformados pueden disponer de cualquier forma para evitar “el daño” a su grupo. Se deja de contemplar la confrontación asimétrica, es decir, sin importar que en una manifestación se desarrolle una confrontación, las piedras de los manifestantes serán entendidas igual de perjudiciales que las balas y los gases lacrimógenos o las granadas de dispersión, dando vía libre a las acciones desmedidas por parte de los uniformados, a la calificación de cualquiera como objetivo militar, de esta forma llegar a realizar allanamientos sin orden judicial hasta bombardear algún corregimiento en todo el país, sin límite alguno.

Entonces frente a ésa realidad ¿qué nos queda a los colombianos como estrategia de lucha? Nos atacan constantemente quitándonos la educación y obligándonos a capacitarnos para el trabajo al servicio de las transnacionales; nos quitan la comida y nos dejan a la deriva de una alimentación cualquiera aún a pesar que somos las clases populares las que más trabajamos y quienes en realidad sostenemos la economía del país; nos someten a quedarnos callados o a ser blancos legítimos, ente otras muchas cosas. Entonces  esperar a que nuestro gremio y sector se vea atacado para actuar resulta una irresponsabilidad histórica, por eso señalamos que debemos unirnos en torno a objetivos concretos, al compromiso de romper los contantes engaños que los dirigentes nos lanzan para detenernos, articularnos en plataformas políticas y organizativas constantes como: Congreso de los Pueblos, MANE o Marcha Patriótica .

Nuestro punto común es la transformación estructural política y económica de nuestro territorio –Colombia- y que esta transformación sea en beneficio de las mayorías,  que nuestro horizonte sea siempre este, la unidad será la garantía del avanzar pues nos dará firmeza y  como decía Camilo Torres “aunque ésta vaya a ser una lucha prolongada, lo que importa es que todo el que se decida a incorporarse a ella se decida también a continuar hasta el fin” (Torres, 1991), el momento siempre será ahora, el momento de juntarnos y trabajar juntos por la conformación de poder popular usando la unidad como estrategia, como acciones planificadas que nos conduzcan a nuestro gran fin.

¡Por la unidad popular, a estudiar y luchar por la liberación nacional!

Bibliografía:

Torres, C. (1991). Escritos Políticos. Bogotá: El Áncora Editores.

Zizêk, S. (2003). Ideología, un mapa de la cuestión. Argentina: Fondo de cultura económica.


[1] Es el “traquetear” de la fuerza pública.

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Un comentario sobre “Unidad, estrategia frente a las políticas antipopulares

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  1. Razonamientos agradables de quienes aun sabemos pensar y este es uno de ellos, por hay va el sendero, sigamos intentado construir propuestas colectivas, pero incluyentes, comunes, desinteresadas y ante todo que contrapongan al modelo, sabemos las derechas les basta poner $$$$ y estan hechas a su gusto, las izquierdas aunque pongan $$$ siguen divididas, es hora de deponer animos, lianzas, estereotipos, lineas y embestir por el cuerno al opositor, ojo se aviene otras una U.V ojo que nos e nos vaya a tomar con figurines el solio presidencial maniqueando el Poder con u fulanito Obdubilano, que sigue en la oscuridad haciendo la ssuyas como cuendo existia su primo que le patrocinaba $$$ las campañas al del Uberrimo

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