¿Por qué voy a las elecciones?

Todo lo que divida al pueblo esta contra sus intereses… El aparato electoral está en manos de la oligarquía y por eso el que escruta elige… Los grupos de oposición  que lleguen al parlamento no podrán  nunca hacer transformaciones revolucionarias, por el contrario, su presencia en el parlamento facilita que la oligarquía diga que en Colombia  hay democracia por que hay oposición… No me parece buena educación revolucionaria decirle con las palabras al pueblo  que desconfié de la oligarquía, y decirle con los hechos que le entregue al sistema algo de lo mas precioso que tiene un hombre como es su opinión política… El tiempo y dinero que se usa para confeccionar listas , se puede aprovechar para organizar y unificar a la clase popular… Si a la oligarquía no le ha temblado la mano para matar jefes revolucionarios, lanzar al país a la violencia y apoyar golpes de estado, no entregar el poder por el simple hecho de una mayoría… Yo soy partidaria de una abstención activa, beligerante y revolucionaria” Camilo Torres Restrepo,  Frente Unido No 1, 1965//

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Difícilmente una lectura de un momento concreto logra ser tan vigente 49 años después, como la que hace Camilo Torres. En efecto el tema electoral no ha resultado aún en la unidad de la izquierda, sino que ha logrado dividirle, confundirle e incluso hacerla perder en debates que benefician a las clases poderosas como el del voto en blanco. Ha logrado que el pueblo crea en falsas alternativas y que los poderosos disfracen, de buenas intenciones hacia el pueblo, los intereses de su clase. Estamos convencidos de que en Colombia no hay democracia,  el hecho de que exista oposición en el parlamento no implica que no se le persiga y acose, el hecho de que haya oposición en el parlamento no significa que no se asesine a quien  se dedica a construir la unidad popular.

Estamos seguras/os que no le podemos confiar nada al gobierno nacional, porque defiende sólo lo que a los ricos y poderosos les interesa. Y estamos radicalmente decididas/os a no creer en la democracia limitada de la representatividad, a sabiendas de que lo que antaño eran dos partidos de la oligarquía repartiéndose el poder, hoy son cantidades de facciones de derecha que nos diluyen en medio de discusiones de forma.  Ninguna llegará a gobernar con los intereses de los pueblos y mucho menos las supuestas opciones alternativas que sólo creen en sí mismas y que gobiernan con las mismas prácticas de los que han puesto al pueblo a matarse entre sí.

Hemos visto como, década tras década, nuestra historia se ha llenado de la sangre de las lideresas y líderes  de la transformación que decidieron llegar a ser contra hegemonía por la vía electoral y como, además,  las/os que han logrado llegar han sido asesinadas/os o en la versión de moda han sido dados de baja por muerte política -por destitución e inhabilidad-.

¿Pero entonces, cómo es eso de que voy a las elecciones? Voy con la plena certeza de que no estoy dándole ninguna confianza al estado, sino que creo que es la hora de complementar la protesta con la presión desde el interior de éste, que está configurado para limitar al pueblo.

Voy a las urnas sabiendo que quien resulte elegida o elegido como la esperanza de la izquierda y de las bases campesinas, de estudiantes y obreros no logrará transformar nada si el pueblo no se sigue movilizando. También con la experiencia suficiente para saber que el estado es el que le adeuda al pueblo sus recursos y sus derechos, y que no puedo permitir que sean los poderosos los que deciden cómo se invierte lo que las colombianas con esfuerzo interminable pagan para que se mantenga el poder de este país.

Voy con la firme esperanza de que sí es posible que los recursos se inviertan en salud, vivienda y educación y no en guerra, de que sí es posible que las/os campesinas/os vivan y muran dignamente, de que sí es posible que desde el parlamento, las alcaldías y la presidencia, tomar decisiones que permitan que -como pueblos- nos sigamos organizando.

Hoy vemos como los movimientos sociales poco a poco apuestan por una participación en la política electoral, como la insurgencia también aspira a tener una participación que asegure las transformaciones buscadas y que permita resguardar su vida, para que no se repita lo que le paso al mismo Camilo, a Gaitán, a la UP, A- Luchar y al M-19. Todo esto sin la necesidad de pensar que fue un error no apostarle desde un principio a lo electoral, sino mas bien con la visión de que poco a poco, a través de las elecciones y de la movilización, caminamos hacia un frente unido y amplio del pueblo, que logre copar al estado y que llene las calles, que transforme este país desde abajo pero también que remueva a los que siempre han estado arriba. Y la izquierda necesita saber cada vez más cómo es que se gobierna un país, no para hacerlo como ya lo ha hecho la oligarquía, sino para quitarle los intereses de clase poderosa al estado.

Hoy apostamos por llenar al estado de nuestras líderes y rodearlos de movilizaciones, para que no olviden cual es el mandato y para que no estén solos sus gritos, le apostamos a que sean las bases conscientes quienes elijan y defiendan los ejercicios más mínimos de la democracia. Le apostamos a que de a pocos la disputa por el estado deje de ser entre familias poderosas y dueños de medios y bancos. Apostamos a llegar como izquierda al parlamento y a la presidencia sin pensar que sean el único camino para la transformación, y mucho menos que sea nuestro único motivo de salir a las calles. Todo lo contrario, seguimos peleando contra los que ostentan el poder y el capital, seguimos protestando contra los que no respetan la voluntad del pueblo ni en la calle ni en las urnas. Le declaramos la guerra a la manipulación de los medios  y a la invisibilización de nuestros derechos.

Hoy le apuesto a que personas que han vivido la lucha y han sentido el hambre y la muerte a las que se somete al pueblo, sean los que lleguen a ocupar el espacio que antes ocupaban los cómplices de multinacionales y del paramilitarismo. Si hay que disputarnos unas curules para que no las ocupe la oligarquía, prefiero a un campesino y a una mujer sindicalista, prefiero a Alberto Castilla para el Senado  y July Gonzales para la Cámara por Bogotá. Ellos dos son mi apuesta, ¿cual es la suya, estudiante, animalista, trabajadora sexual? Ellos no son la única opción que tiene el pueblo y la única vía que no podemos tomar es dejar que los poderosos debatan cuánto le quitan al campo, cuánto le quitan a la educación.

Colectiva Rosa Luxemburgo

537032_1382166915365537_1338840927_n  (Análisis y Acción Política)

Derecho y Ciencias Políticas- Universidad Nacional.

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