Si sembramos las flores de la primavera, ¿cómo no usar la esperanza como regadera?

Si sembramos las flores de la primavera, ¿cómo no usar la esperanza como regadera?

Él fue el hombre de la esperanza, cargaba la esperanza en una mochila, mientras, recorría en una vieja moto, de sur a norte, toda nuestra américa, la moto anduvo donde nace el maíz y donde vive el amazonas, conoció la alegría, el llanto, la vida y la muerte, conoció las injusticias, las injusticias que lo hicieron soñar con la utopía, pero nunca, nunca, sin soltar la mochila en donde cargaba la esperanza. Con la esperanza siempre al hombro, porque él no iba porque sí, él iba hasta la victoria siempre. Soñaba con ir a todos los jardines de nuestra américa para regar su esperanza sobre las flores que harían inmortal la primavera.

 

la foto

 

( Imagen tomada de internet)

Fue aquí y allá, dando esperanza, esperanza al obrero y al campesino, al estudiante y al profesor, a la mujer y al hombre, a todas y todos los oprimidos de Nuestra América. Una tierra que como dijo Nino Bravo, no ha roto sus cadenas, como tampoco ha perdido la esperanza.

Ya pasaron 47 años, desde el fatídico día que con sangre y balas intentaron enterrar la esperanza que regaba en los jardines, de aquí y de allá, los del sur y los del norte, los jardines de la primavera. Mientras que con la esperanza, siempre al hombro, luchaba por la utopía en tierra boliviana, fue asesinado por algo de lo que él no tenía la culpa, por tener “la sangre roja y el corazón a la izquierda”.

Entre carcajadas de un Águila calva, moría el hombre de la esperanza, pero entre tanta risa de ésa águila maldita no entendieron que moría el hombre de la esperanza, pero no moría la esperanza. Ya muchos jardines habían florecido, y ya la primavera se cultivaba. Parecía que moría el hombre de la esperanza, pero nunca, ojo, nunca, murió con él la esperanza. Su moto dejo un camino, las flores siguen floreciendo a pesar de tanto glifosato gringo, y aunque se cumplen 47 años de su muerte, basta con decir que ya somos muchos los que cargamos al hombro la esperanza, la esperanza por el nuevo amanecer. Que buscamos recorrer el camino de su moto, mientras construimos el nuestro. Porque tampoco tenemos la culpa de tener “la sangre roja y el corazón a la izquierda”.

Gracias comandante  Ché Guevara por regalarnos la esperanza.

Juan Camilo Barragán Martínez

09/Octubre/2014

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: