MENSAJE A NUESTRAS MADRES

Adriana-Lestido-1982En 1200 casos, un día como hoy, el Estado envió a sus Fuerzas Militares para aniquilar los campos sembrados por el pueblo. Cientos de miles de soldados salieron a las calles y a los campos de nuestro país con la orden expresa de asesinar jóvenes indefensos, cuyo único crimen había sido nacer en un barrio pobre y de una madre con hambre. Los escogieron al azar, tal vez buscaron a los más inquietos, se los llevaron lejos de casa para acribillarlos y luego vestirlos con ropas e implementos de guerrilla. -Positivo- decía la tropa encargada del asesinato, y entonces el General, satisfecho y orgulloso salía en televisión repitiendo que “el glorioso Ejército Nacional” le había asestado “otro golpe sin precedentes a la guerrilla”. Y mientras la mayoría del público televidente asentía y se declaraba conforme con la noticia, las madres de los “falsos positivos” lloraban su suerte, sumergidas en el silencio y la desesperanza.

1200 veces, a las madres del pueblo les fueron arrebatas sus entrañas, debieron ver sus cosechas quemadas y sus campos marchitos, debieron velar y enterrar sus mejores sueños. Por eso hoy es un día triste. Un día sin fin para las madres que se levantaron llorando y volvieron a la cama sin consuelo, sin quien pudiera consolarlas. Con ellas de la mano empezamos a escribir este mensaje…

Porque la tristeza es mentira. Porque la tristeza solo es cierta si dejamos que nos consuma y nos apaga las voces, hemos decidido tomarnos la palabra este día y romper el silencio a punta de gaitas, con la certeza de que será el ejemplo de nuestra vida el comienzo de un mundo sin madres llorando o llorando solamente de alegría.

No son sus hijos unos hijos cualquiera.

De sus vientres nació el barro con el que ustedes, madres de la rebeldía, supieron luego moldear la esperanza del mundo. Así como de otros vientres nacieron los asesinos, los vacíos y plásticos, los falsos y los traidores, de los suyos ha nacido la fuerza que todo lo renueva, que jamás será aplastada por completo, que nacerá, que aunque muera nacerá y hará florecer los pozos con cada nuevo renacimiento.

Porque fue de su coraje que nació nuestra digna rabia, de su dignidad frente al abuso que aprendimos a levantar la frente y de su alegría sin intereses que no se cobra cuando se ama.

Porque fue en su regazo tranquilo que aprendimos a tener paciencia cuando todo estaba oscuro, y con sus tristezas como supimos que solo sirve llorar cuando llorando se da de beber a la tierra.

Porque fue de sus manos que nacieron las nuestras, y de sus sueños que aprendimos a soñar.

Porque si somos rebeldes es porque ustedes nos siguen amando rebeldemente, sin restricciones, hasta las últimas consecuencias, sin importar lo que digan, aunque digan, aunque no digan, aunque digan lo que hayan dicho y lo que dirán.

No son ustedes unas madres cualquiera.

Sus semillas se han sembrado en el mundo y van naciendo radicalmente. No se detienen en su rumbo hacia el sol. Sus retoños van creciendo para enredarse unos con otros, y avanzar, poderosos y unidos, decididos a convertir la pobreza del pueblo en poder popular.

No seremos nosotros, sus hijos, altos empresarios ni generales de cuatro soles ni presidentes de una multinacional gringa. No seremos senadores que se cenan al pueblo ni viejos tristes amarrados al televisor. No seremos moderados de vida sórdida escondida, ni marionetas de los asesinos, ni traidores de nuestro pensamiento.

Seremos sus dignos hijos, hijos de los vientres que enseñan que no se ama con eficacia si no se transforma el mundo para que sea posible el amor.

Hoy es un día un triste. Pero nosotros sabemos tejer con la tristeza, la luz de la esperanza.

Vendrán días difíciles. Despedidas, ausencias, silencios, rumores, mentiras, agravios. Pero todo lo que sabemos lo vimos en primer lugar hecho de sus manos. Esa luz de esperanza es de ustedes y mientras la lleven, no habrá oscuridad completa que pueda reducirlo a tinieblas todo. No la habrá mientras sigamos creciendo con libertad, cada vez más libres, por ustedes, porque estamos seguros que donde se abran nuestras alas, su fuerza soplará y nos impulsará hacia el cielo.

Con amor,
Red Revuelta
Mauricio Urdaneta

Posdata. ¡Nos vemos en la lucha!

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