LUEGO DE 2 AÑOS DE UN FALSO POSITIVO JUDICIAL, CONTINÚA LA ESTRATEGIA DE PERSECUCIÓN AL PENSAMIENTO CRÍTICO

POR LA VIDA, LA CULTURA Y LA LIBERTAD: A LA CARGA

Quienes luchan por la vida históricamente han sido acallados por la clase dominante, de distintas maneras siendo la forma  violenta la privilegiada para legitimar su poder. No obstante los medios masivos de comunicación han sido parte fundamental para mantenerlos allí , convirtiéndose en los primeros jueces del país, determinando en su matriz mediática escritos, reportajes y notas cargadas de estigmatización para quienes piensan distinto y defienden la vida, convirtiéndose esto en un problema de mucha monta que no ha sido asumido por la clase dirigente de este país como un conflicto, sino como una táctica de asociar el pensamiento crítico con el terrorismo, convirtiéndose así en política de estado para aterrorizar y estigmatizar el que sea oposición en este país.

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El conflicto.

Estudiantes, egresados y docentes de universidades públicas han estado en la mira de los entes acusatorios del estado históricamente en la ciudad de Bogotá, ante cada fuga de seguridad, buscan chivos expiatorios o culpables sin previa investigación, arrojando resultados que para ellos son veraces, pero que para el grueso de la sociedad no, puesto que las personas que son señaladas por cometer x o y atentado termina siendo de universidad pública. En los últimos 4 años la Universidad Nacional, Pedagógica y Distrital han perdido estudiantes, egresados y docentes ejemplares no solo en el aspecto profesional sino también humano, por su sencillo y valeroso hecho de defender los derechos de la gente, ser críticos como es costumbre en la educación pública y defender los intereses de la clase popular. Esto ha sido pretexto para ser perseguidos por el estado  Colombiano, rompiendo el tejido de sus familias, procesos sociales y políticos, proyecciones académicas y labores tanto académicas como profesionales.

Muestra de esto han sido arremetidas contra profesores como Miguel  Ángel Beltrán de la Universidad Nacional de Colombia, siendo acusado por ser parte de las FARC.-EP por ser encontrado supuestamente con documentos de este grupo en los computadores de Raúl Reyes, computadores que no han logrado servir siquiera de prueba por sus irregularidades en la cadena de custodia. El caso de los y las 13 jóvenes, capturados en 2015 acusados por pertenecer al ELN y organizar un tropel en la Universidad Nacional, teniendo que ser liberados dos meses  más tarde por no presentar un peligro para la sociedad, por no llevar el debido procesamiento, y no tener pruebas fehacientes para vincularlos con dichos atentados. Pero también esta el caso de Mateo Gutierréz León, estudiante de sociología también de la Universidad Nacional quien fue acusado por estallar una planfletaria  del grupo MRP, sin ninguna prueba que lo haga ser culpable de dicho hecho. Esto solo para nombrar algunos casos representativos en la ciudad, pero si miramos el panorama a nivel nacional, todo el que piense distinto , el estado le monta un falso positivo judicial para legitimar cada vez más su represión.

Hoy 8 de Julio se cumplen dos años de la captura de los y las 13 jóvenes luchadoras y luchadores sociales, algunos de ellos pertenecientes al Congreso de los Pueblos y ejemplares personas, no solo en su dimensión social y política sino también desde la dimensión humana, recordándoles con mucho aprecio por enseñarle a más de uno y una a defender sus ideas y su pensamiento crítico hasta el último momento. Ellos al igual que el profesor Miguel Ángel Beltrán están libres hoy, pero es necesario aunar fuerzas para quienes siguen aún presos de la libertad, para que salgan a defender sus ideas, de manera más fervorosa, visibilizando que el pensamiento crítico no puede ser considerado como terrorismo, y más en un país donde se supone que se está construyendo la paz. No es posible hablar de paz, cuando se están persiguiendo a los y las líderes sociales en el país, no se puede hablar de paz cuando cada vez más se profundiza la pobreza y la desigualdad, nuestras fuerzas deben unificarse para exigir cambios reales y transformaciones posibles a quienes siempre han tenido el poder , sólo así se consolida una real paz.

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Las incongruencias.

Las pruebas de los casos anteriormente nombrados, hacen parte de la vida cotidiana de cada una de las personas, pruebas como libros del Che, o sobre el conflicto en el país, banderas, elementos básicos de las carreras profesionales, computadores, entre otros elementos han sido el pretexto para que los medios masivos de comunicación los muestran como grandes pruebas reinas,  llevando a la reflexión si realmente se legitima el despliegue de una fuerza personal y de recursos para encontrar no más que elementos referentes de las profesiones o carreras, buscando mostrar resultados que no son más que pantallas de humo para mostrar la “fortaleza” de las instituciones del Estado, que lejos de ser fuertes son débiles y manipuladas.

No son cualquiera las personas inculpadas, encarceladas y asesinadas en Bogotá y en el resto del país, casos como el de Milena Quiroz líder comunitaria capturada por organizar marchas (como si eso constituyera un delito ), como Feliciano Valencia consejero indígena condenado a 18 años de prisión por ejercer la autonomía de los pueblos indígenas, el caso de los 9 que ha cursado las últimas semanas  y los más de 35 líderes asesinados en lo corrido de este año; reflejan la sistemática persecución a quién piensa diferente. Llegando a cuestionar las garantías para la participación política donde el solo hecho de pensar diferente al establecimiento ya pone en peligro la vida y la libertad.

¿Y ante esto qué?

No es posible seguir la vida, obviando esta realidad que vive nuestro país, teniendo en cuenta que este tipo de acciones no son ajenas al momento político por el que se está pasando, una paz firmada en un papel pero que para el movimiento social y político representa  persecución y falta de garantías para el ejercicio de la política; son situaciones que tienden a volverse el pan diario en el país y por ello es necesario hacerle frente desde diferentes espacios, siendo uno de los más fundamentales los medios de comunicación alternativos y si es posible en los masivos,  denunciando este conflicto que cada vez se agudiza más, no se puede permitir que se estigmatice el pensamiento crítico y se relacione con el terrorismo. De igual manera se deben exigir las garantías y transparencia para los procesos que siguen en curso, y responsabilizar al Estado para que sigan muriendo lideres  sociales en el país. Estudiantes y plataformas sociales han venido agitando diferentes campañas como “Libres Lxs Queremos”, “Que pensar diferente no nos cueste la vida ni la libertad”, “Somos Dignidad”, entre otras que apoyadas con acciones como plantones, performance, movilizaciones, actos culturales han sido el fortín para demostrar el descontento ante esta situación que se vuelve una clara amenaza para la paz en este país.

Es necesario entonces juntar esfuerzos para que todas estas campañas y acciones se encuentren en una propuesta común que les permita agitar a nivel nacional y en la opinión pública, esta problemática con el fin de que toda la ciudadanía y población Colombiana la conosca. Se requieren exigencias comunes que muevan el malestar actual para que no solo se resuelvan los casos que se llevan a cabo, sino para que estas injusticias no se vuelvan a repetir. Hacemos el llamado para que desde los distintos observatorios y mesas de derechos humanos se articulen y se fortalezcan para hacerle frente a esta política de estado de manera colectiva y permanente. Se requiere que las Universidad en cabeza de sus rectores se manifiesten en los medios de comunicación exigiendo la no estigmatización a su comunidad universitaria.  Y por último invitar a la juventud a ponerse en disposición de exigir sus derechos, a organizarse, a liderar proyectos, a protestar, a pensar distinto, como una tarea necesaria e indispensable para la construcción de paz, es por eso que la participación de los jóvenes y la sociedad en general es fundamental para defender el derecho a la vida y la libertad; la paz sin aún constituirse ya se encuentra amenazada y no se pueden lograr los cambios que queremos si no se disputan en la calle, es la oligarquía quién decide como entregarle el poder a la clase popular, si a las buenas o a las malas. La construcción de paz empieza por entender que el pensamiento critico no es terrorismo y que el ser líder social no es terrorismo.

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